Machos: en Israel no aceptan el divorcio.

Written on July 26, 2009 – 6:37 pm | by Diego Dattoli |

Una veintena de hombres va cada año a la cárcel por no conceder el divorcio a sus mujeres en Israel, donde solo el marido puede poner fin al matrimonio, de acuerdo a la milenaria ley religiosa judía que rige los enlaces en el país. Los tribunales rabínicos, que tienen el monopolio de la Justicia en materia de divorcio, tratan así de forzar a los denominados “maridos recalcitrantes” a que permitan que sus mujeres empiecen una nueva vida.
Mientras tanto, las mujeres son “agunot” (ancladas a su marido) y, por tanto, no pueden volver a casarse, ni iniciar una nueva relación, pues incurrirían en adulterio y podrían perderlo todo. Además, los hijos que tengan con otro hombre serán considerados bastardos y, según la ley ortodoxa, no podrán contraer matrimonio más que con otros bastardos.

“El Estado de Israel tiene que encontrar una forma mejor de acabar con un matrimonio que poner a la gente en la cárcel”, sostiene Susan Weiss, directora del Centro para la Justicia para las Mujeres y abogada en multitud de casos de divorcio.

Unos 20 hombres pasan cada año una temporada en una celda por este motivo, según Efrat Orbaj, portavoz de las Cortes Rabínicas de Israel. La cifra de encarcelados está muy por debajo del número real de casos conflictivos, ya que “muchos maridos conceden el divorcio en cuanto son amenazados con ir en la cárcel”, explica la abogada rabínica Rivka Lubitj, también de la citada ONG.

El Servicio Israelí de Prisiones cifra en torno a cinco el número de “maridos recalcitrantes” actualmente entre rejas. Son, en palabras de Lubitj, los “testarudos” que, en vez de ceder, viven la condena como un reto. Uno de ellos protagonizó recientemente una ya concluida huelga de hambre que saltó a las páginas de la prensa. El hombre fue alimentado por vía intravenosa desde que la Gran Corte Rabínica ordenó su traslado a un módulo no religioso, en el que, en consecuencia, los alimentos no tienen la certificación “glatt kosher”, que cumplen con los más estrictos preceptos judíos de alimentación.

Se trataba de una medida de presión al preso, que lleva cumplidos dos de los cinco años de cárcel a los que fue condenado por negarse a lo largo de ocho a otorgarle el divorcio a su mujer. El varón, que continúa negándose a conceder el divorcio a su mujer, rechazó entonces las comidas y fue alimentado a la fuerza por vía intravenosa, hasta que hace unos días puso fin a su protesta.

Ambos miembros de la todavía legalmente pareja forman parte de la comunidad ultraortodoxa judía que, en muchos casos, somete al ostracismo a mujeres en esa situación, a las que no está permitido verse con ningún hombre por considerarse “inmoral”. “Este caso no hace más que demostrar lo absurdo del régimen de divorcios en el país”, apunta Weiss, quien reconoce que la situación de los maridos encarcelados es terrible, pero matiza que no mucho peor que la de las esposas “agunot”. “Ellas también están en una prisión: no son libres, no pueden casarse ni tener citas y sufren el aislamiento social porque son mujeres religiosas que viven sin su marido”, apunta.

En Israel no existe el matrimonio civil, por lo que sus ciudadanos, sean religiosos, agnósticos o ateos, solo pueden casarse y divorciarse por el rito religioso.

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