Los rusos despiden a Solyenitzin con honores
Los rusos lloraban y rendían honores al escritor Alexander Solyenitzin, el disidente cuyas críticas a la tiranía del poder soviético lo convirtieron en una de las figuras más valientes y reconocidas del siglo XX. Solyenitzin, premio Nobel de Literatura, murió por una insuficiencia cardíaca anteanoche en su casa de Moscú, a los 89 años.
Un coro de voces en todo el mundo expresó también su pesar por la desaparición de un hombre cuya experiencia reflejó el horror de los campos de trabajo de Josef Stalin y se convirtió en la conciencia de Rusia.
Mikhail Gorbachov, el último líder soviético, describió a Solyenitzin como “un hombre de un destino único cuyo nombre permanecerá en la historia rusa”.
Su funeral se realizará mañana en el monasterio medieval Donskoi, en Moscú, y el escritor será enterrado horas después cumpliendo con su testamento, dijo un vocero de la Iglesia Ortodoxa rusa.
El presidente Dimitri Medvedev y funcionarios rusos de alto rango, al igual que líderes mundiales, enviaron sus condolencias y rindieron honores al héroe de la disidencia.
“Fue un ciudadano con mayúsculas y un patriota, que sufría en su corazón por el destino del pueblo ruso y por la construcción de un país justo”, sostuvo Medvedev.
“La muerte de Alexander Isayevich Solyenitzin es una gran pérdida para toda Rusia”, dijo, en un telegrama, el primer ministro Vladimir Putin, ex agente del servicio de seguridad KGB, que lideró una campaña de persecución en contra del escritor.
Por su parte, el presidente francés, Nicolás Sarkozy, lo describió como “una de las grandes conciencias de la Rusia del siglo XX”. La canciller alemana, Angela Merkel, dijo, por su parte, que sus obras, producto del sufrimiento en los campos de concentración, “fueron una importante contribución para superar el comunismo totalitario ruso”.
Prohibido durante mucho tiempo, Solyenitzin obtuvo su fama inicial luego de que el líder soviético Nikita Khrushchev permitiera, en 1962, la publicación de su obra Un día en la vida de Iván Denisovich .
En 1970 ganó el Premio Nobel de Literatura por su trabajo, que incluía Archipiélago gulag , una desgarradora crónica de sus experiencias y de otros miles de prisioneros de campos de trabajos forzados. Con sus libros sacudió las conciencias al revelar oscuros secretos de la red de campos de prisioneros donde millones de rusos murieron durante las purgas de Stalin.
Privado de su nacionalidad en 1974 y enviado a Alemania Occidental por negarse a mantener silencio sobre el pasado de su país, se convirtió en ícono de la resistencia al sistema totalitario desde su casa en Vermont, Estados Unidos.
Solyenitzin no quiso volver a Rusia hasta después de la caída de la Unión Soviética. Llegó a Moscú en 1994 y allí los dirigentes postsoviéticos le rindieron grandes tributos. Sin embargo, él se mostró cada vez más crítico de la situación del país y denunció la corrupción y las influencias occidentales. Permaneció casi recluido en su casa de las afueras de Moscú y no desempeñó ningún papel público.
You must be logged in to post a comment.