Rusia logra hegemonía en América Latina

Cuando el Presidente ruso, Dmitry Medvedev, planeaba el viaje de la última semana por América Latina -Perú, Brasil, Venezuela y Cuba- todo parecía indicar que su país estaba a punto de presentar uno de los desafíos más visibles en varios años a la influencia estadounidense en la región.
Con los altos precios del crudo, Rusia nadaba en dinero y planeaba una diversidad de iniciativas, incluida la ayuda a Venezuela para que construyera un reactor nuclear y el fortalecimiento de vínculos militares con Cuba, ex aliado de los soviéticos durante la Guerra Fría.
Pero, Medvedev encontró a la región fluyendo en reacción a los sucesos recientes y en algunos casos menos receptiva a sus ofrecimientos. La caída de los precios del petróleo y la crisis financiera en el mundo, que han propinado un golpe particularmente duro a Rusia, han hecho surgir interrogantes acerca de la confiabilidad de Rusia como un socio económico, al tiempo que la victoria de Barack Obama en la contienda presidencial de EE.UU. ha elevado las esperanzas de Latinoamérica por una nueva era de relaciones mejores con ese país.
En este panorama que cambia rápidamente, la mayoría de los países latinoamericanos está recalibrando sus intereses políticos y frustrando los esfuerzos rusos con miras a profundizar vínculos regionales, como los que China estableció en la década pasada.
“Las elites rusas, incluido el presidente, ven con envidia los crecientes éxitos diplomáticos y económicos de China en América Latina y Africa“, comentó Stephen Kotkin, el director de estudios rusos en la Universidad de Princeton. “Ellos también perciben una oportunidad, muy exagerada, de enviarle un mensaje a Estados Unidos en su mal llamado patio trasero“.
No obstante, Medvedev -más allá de los negocios y acuerdos logrados o pergeñados- no la tiene fácil en la región. En Cuba, persisten sospechas con respecto a las intenciones de los rusos, ya que la economía cubana se vino abajo cuando los soviéticos se retiraron en los 90, así como una renuencia a ganarse la enemistad de la entrante administración Obama, que pudiera pugnar por un final del embargo comercial.
Brasil, el mayor país de América Latina, que también considera una alta prioridad las relaciones con una administración Obama, desea que Rusia se comprometa no como una fuente de armas o ayuda militar, sino como un socio al mismo nivel.
“No estamos interesados en comprar productos de la defensa como si fuera un supermercado“, dijo Roberto Mangabeira, el ministro de asuntos estratégicos de Brasil y el arquitecto de una nueva estrategia militar, la cual se dará a conocer oficialmente en diciembre. “A diferencia de otros países sudamericanos, nosotros no andamos por ahí comprando cosas, y no estamos interesados en ningún tipo de política del balance del poder para contener a Estados Unidos“, aclaró Mangabeira, ex catedrático de Derecho en Harvard que tuvo a Obama entre sus alumnos en esa universidad. “Sostenemos relaciones amistosas con EE.UU, y nos proponemos que sean más amistosas con la administración entrante“. Eso no impidió que Brasil reconociera que adquirió a Rusia 12 helicópteros Mi-35M de ataque.
Por contraste, en Venezuela, vapuleada por la caída de los precios del crudo, Medvedev podía anticipar una cálida bienvenida. Desde hace ya mucho tiempo, el presidente Hugo Chávez ha buscado vínculos más estrechos, viajando a Rusia siete veces y forjando acuerdos para la compra de armas por más de 4.000 millones de dólares. Pero, hasta hace poco, Rusia mostraba escaso interés en expandir sus vínculos con Venezuela más allá de la venta de armas y un puñado de acuerdos en el sector de energía.
Sin embargo, la posición de Rusia ha evolucionado en meses recientes, y ahora está buscando un asidero con una plataforma para petróleo, así como contratos en minería, la banca y las fuerzas militares. Un ejemplo de esa “evolución”: las maniobras militares que realizarán conjuntamente rusos y venezolanos en las cálidas aguas caribeñas. No obstante, al optar por invertir en Venezuela, dicen ejecutivos del ramo de energía y diplomáticos extranjeros, Moscú se está involucrando en uno de los países más problemáticos de la región. China e Irán han enfrentado una montaña de corrupción y desorganización institucional en la búsqueda por expandir su presencia en ese país.
Rusia también ha estado buscando reavivar vínculos de la era de la Guerra Fría en países que actualmente son aliados de Venezuela, como Nicaragua, que recibió ayuda militar de los soviéticos en la década de los 80. Ahora que los sandinistas ya volvieron al poder en Nicaragua, funcionarios rusos han viajado en fechas recientes a Managua, la capital, para discutir gigantescos proyectos como el de un canal nuevo para que rivalice con el de Panamá.
Pero, por ahora, la incursión de Rusia en Nicaragua sigue confinada al entrenamiento de aproximadamente una docena de militares, lo cual apenas es una sombra de lo que otrora fue una participación destacada de la Unión Soviética durante el primer gobierno del presidente Daniel Ortega, cuando especialistas militares de los soviéticos ayudaron a construir la Base Aérea Pachito, a la cual actualmente le urgen reparaciones.
Rusia se ha forjado una presencia en otros países pequeños con influencia limitada en la región, como Bolivia, donde está extendiendo ofertas de ayuda militar y antidrogas.
En Guayana, Rusia ha cultivado cálidos vínculos con el Presidente Bharrat Jadgeo, quien estudió economía en Moscú cuando Guayana era gobernada por socialistas que tenían estrechos lazos con la Unión Soviética.
Pero, en otras partes del área, el Kremlin está enfrentando tiempos más difíciles. En Cuba, etapa final de la gira de Medvedev, donde la Unión Soviética concentró en otra época la mayoría de su presencia militar en la región, persisten las inquietudes con respecto al colapso de la Unión Soviética a comienzos de los 90. El abrupto retiro de miles de millones de dólares en ayuda devastó a la economía cubana, que aún no se recupera del todo pese a los considerables subsidios de Venezuela.
En círculos diplomáticos de Caracas, hay un chiste circulando en el que se compara la estrategia latinoamericana de China, que considera a las economías orientadas al mercado, como la de Brasil, Chile y México, como puertas de entrada a la región, con la de Rusia, que se está concentrando mayormente en Bolivia, Nicaragua y Venezuela. En Brasil, por ejemplo, el comercio de Rusia por 5.200 millones de dólares en 2007 fue opacado por los 23.400 millones de dólares de China.
“Los rusos han elegido a los socios más erráticos y menos confiables en la región“, comentó un funcionario del gobierno de EE.UU., hablando a condición de mantenerse en el anonimato, siguiendo el protocolo acostumbrado en la diplomacia.
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