La fiebre amarilla en Paraguay
La Iglesia Católica denuncia que otros males, como el dengue, también amenazan a la población.
Los miembros de la Conferencia Episcopal Paraguaya afirmaron ayer, en un comunicado, que el reciente brote de fiebre amarilla evidenció una vez más “el estado de abandono” de la salud pública en el país.
En el mensaje, los obispos instaron de igual manera al Gobierno y a la ciudadanía a no perder de vista otros peligros de epidemia que también están acechando a la población, como el dengue clásico y el hemorrágico.
El comunicado añadió que en la campaña contra la fiebre amarilla, la Iglesia Católica ha visto “imprevisión, desconcierto e improvisación de las instituciones estatales” . La fiebre amarilla causó al menos ocho muertes, según la prensa local, aunque las autoridades confirmaron solo cinco.
El aumento de los casos mortales generó hace dos semanas pánico entre la población, que acudió masivamente a los locales de vacunación. Expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtieron que el mal puede propagarse como “un incendio en el bosque”.
El miércoles anunciaron que el organismo dio inicio a una vacunación masiva para contener la propagación de la enfermedad.
El brote de fiebre amarilla es el primero en Paraguay desde 1974. Los últimos casos en Latinoamérica se registraron en los años cuarenta, en Brasil. 30 000 personas en el mundo mueren anualmente de la enfermedad, según la OMS. Los síntomas pueden incluir fiebre, vómitos, ictericia y hemorragia bucal, nasal, ocular y estomacal.
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