De Miami con amor

Los cubanos estadounidenses podrán ir cuando quieran a La Habana a visitar familiares y no habrá límites para remesas. Las telefónicas de EE.UU. podrán invertir y operar en la isla.
En un gran giro con respecto a la política que venía instrumentando George W. Bush, el presidente Barack Obama anunció ayer la suspensión de las restricciones que enfrentaban los cubanos estadounidenses para viajar a Cuba o para enviar dinero a sus familiares en la isla.
Más aún, en un intento por facilitar el flujo de información hacia la isla, Obama otorgó mayor libertad a las compañías de telecomunicaciones de EE.UU. para invertir y operar sus servicios en la isla, algo que nunca se había hecho antes.
Todos los analistas consultados por Clarín coincidieron en que éste es un paso en la dirección correcta. Pero, en vísperas de la Cumbre de las Américas, existen dudas sobre si las medidas anunciadas alcanzarán para calmar los ánimos de países como Venezuela, Nicaragua o Bolivia, que vienen reclamando el levantamiento del embargo impuesto contra Cuba en 1962.
Las medidas de Obama representan una flexibilización del embargo, pero no su eliminación. De hecho, pese a los anuncios, Nicaragua volvió a pedir ayer que se reabra el documento final de la Cumbre que había sido consensuado hace una semana “porque no incluye el tema Cuba” y no se refiere concreto a quién es el responsable de la crisis económica.
“No se qué es lo que puede pasar en la Cumbre de la Américas pero creo que estas medidas son un paso positivo, aunque un paso bastante pequeño”, dijo a Clarín Peter Phillips, uno de los grandes especialistas en Cuba de esta ciudad, que asesora al Congreso de EE.UU. “No hablan de la posibilidad de contactos directos entre los estadounidenses y los cubanos. Los únicos que pueden viajar a Cuba siguen siendo los cubanos estadounidenses. Tampoco hicieron referencia alguna al inicio de un eventual diálogo entre el gobierno de Obama y el cubano”.
El presidente de Diálogo Interamericano, Peter Hakim, coincidió con Phillips. “La decisión va en la dirección adecuada, pero constituye un primer paso muy modesto, pequeño”. Según Hakim, Obama quiere ver cómo reacciona el gobierno cubano. “El espera cierta reciprocidad por parte del gobierno de Raúl Castro”. Y todo indica que su análisis es acertado.
Desde que llegó a la Casa Blanca, Obama siempre ha anunciado en persona, cuando marcó un giro, cualquiera que sea, respecto de la política de Bush. Así lo hizo cuando anunció el cierre de Guantánamo, o los cambios de política sobre Irak y Afganistán. Esta vez, sin embargo, el anuncio tuvo lugar durante la rutinaria conferencia de prensa de todos los días del vocero de la Casa Blanca, Robert Gibss. La única novedad es que, junto a Gibbs, estaba el encargado de América Latina en el Consejo Nacional de Seguridad, Dan Restrepo, quien habló en español para que los medios hispanos pudieran grabarlos en vivo y en directo. Pero es evidente que la Casa Blanca no quiso darle al anuncio un perfil muy alto. ¿Por qué? En Estados Unidos, Cuba es un tema de política doméstica. Y tal como anunció Clarín el domingo, pese a los cambios que hubo en el seno de la comunidad cubana americana de Miami, todavía no hay consenso para levantar el embargo ni para iniciar un diálogo con el gobierno de Raúl Castro como reclama la mayoría de la región.
“Algunos en el Congreso querían que hiciéramos más y otros que hiciéramos menos”, dijo un alto funcionario de la Casa Blanca durante una conferencia telefónica con un grupo de periodistas, que incluyó a Clarín.
Si bien la Fundación Nacional Cubana Americana aplaudió ayer las medidas anunciadas por la Casa Blanca, los representantes más duros del exilio cubano en Miami, los hermanos Mario y Lincoln Díaz Balart, pusieron el grito en el cielo. En un comunicado, ambos diputados acusaron a Obama de haber cometido “un error muy serio”. Más aún, si bien la presidenta de la Cámara de Diputados, Nancy Pelosi, y el presidente del Senado, Harry Reid, aplaudieron la decisión, hubo otros congresistas que la criticaron duramente.
No es una casualidad que el anuncio de las medidas haya tenido lugar sólo a cuatro días de la Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago. Si bien Restrepo dijo que el anuncio no tenía nada que ver con la presión que está haciendo la región, sino que se debía a la promesa electoral que hizo Obama, no es un secreto para nadie que la Casa Blanca está tratando de impedir que la cumbre se “cubanice”. El asesor de la Cumbre de las Américas en la Casa Blanca, el ex embajador Jeffrey Davidow ha dicho en varias ocasiones que EE.UU. quiere evitar que el único tema e la cumbre sea Cuba. Pero ayer, durante la conferencia telefónica, el funcionario de la Casa Blanca dijo que el tema iba a ser discutido.
El ministro de Relaciones Exteriores brasileño, Celso Amorim, está convencido de que la cumbre será un test para Obama y que la prueba principal será lo que diga o deje de decir sobre Cuba.
Ayer, el brasileño se lamentó que Cuba no figure en los documentos finales de la Cumbre, pidió que el tema sea tratado en la reunión y agregó que no quiere que haya enfrentamientos entre América Latina y Estados Unidos sobre este tema. En síntesis, Amorim no hizo otra cosa que quedar bien con todos: con los países que están presionando por el levantamiento del embargo como con aquellos que no quieren que este tema termine frustrando la Cumbre, como es el caso de Argentina.
“A diferencia de lo que sucedió en la Cumbre de Mar del Plata, esta vez Argentina está cooperando para que no haya conflictos que descarrilen la cumbres”, dijo a Clarín el diplomático latinoamericano.
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