Brasil, armas y favelas
Anderson Sá tenía sólo 10 años de edad cuando tuvo su primer contacto con la violencia: fue testigo del brutal asesinato de un hombre por narcotraficantes de Vigario Geral, una de las 600 favelas que rodean la ciudad brasileña de Río de Janeiro.
En ese momento, descubrió que “no tenía miedo” a morir, tal como relató en la película documental Favela Rising, de la que es uno de los protagonistas.
Ese sentimiento –el de que la muerte no asusta– es un poderoso motor que impulsa hacia la criminalidad a los niños y jóvenes de esas comunidades pobres, donde el abandono del Estado abre las puertas a la instalación de “cuarteles generales” del narcotráfico y reduce dramáticamente la autoestima y la perspectiva de desarrollo personal.
El propio Sá estuvo a punto de ingresar en la criminalidad el 29 de agosto de 1993, cuando un grupo de exterminio formado por policías dio muerte a 21 habitantes de la favela, para “vengar” el asesinato de cuatro agentes a manos de narcotraficantes.
Todas las víctimas eran personas inocentes elegidas al azar, y una de ellas era un familiar de Anderson Sá: “Ese fue uno de los días de mi vida en que sentí más furia. Nunca fui violento, pero tuve ganas de vengar su muerte”, relató años más tarde.
En lugar de ello, sin embargo, Sá encontró un nuevo camino, y hoy es el vocalista de AfroReggae, uno de los más exitosos grupos musicales de Brasil.
AfroReggae nació gracias a José Junior, quien comandaba una entidad dedicada a divulgar la cultura afrobrasileña a través de un periódico y de la organización de fiestas y, tras la masacre, decidió iniciar en Vigario Geral un proyecto dedicado a ofrecer alternativas para los niños y jóvenes de las favelas.
Tres lustros después de su creación, el Grupo Cultural AfroReggae se convirtió en una muestra viva del poder de la cultura para rescatar a niños y jóvenes de la miseria y de la criminalidad.
Además de las bandas de percusión AfroReggae y Afrolata, conocidas internacionalmente, realiza proyectos sociales y culturales que atienden a unos 2.000 niños y adolescentes en las comunidades pobres de Río de Janeiro. En total, son 14 grupos artísticos y 74 proyectos desarrollados en Brasil y también en otros países.
Hoy, el grupo ofrece cursos de música, circo, teatro, “capoeira”, danza afro, grafitti en cinco grandes complejos de favelas de Río: Vigario Geral, Cantagalo-Pavao-Pavaozinho, Alemao y Nova Era, además de cursos de alfabetización para adultos y de informática.
Según uno de los coordinadores del grupo, el inglés Damian Platt, el éxito del AfroReggae se debe principalmente al hecho de que se trata de “un movimiento que viene de dentro hacia afuera, a diferencia de organizaciones como Amnistía Internacional, que miran a un país desde afuera”.
Así como el proyecto social, las actividades culturales del grupo van conquistando el mundo. El grupo AfroReggae fue elegido para abrir el show de los Rolling Stones en la playa de Copacabana en febrero de 2006.
AfroLata –en el que la percusión es hecha con materiales recicables– se presentó este año en Londres y en Uruguay, y uno de los grupos de teatro fue una de las 12 compañías internacionales invitadas a participar en el festival Conecting the World, en la ciudad inglesa de Liverpool.
Tales actividades, según Platt, permiten mantener y valorizar a los artistas, además de generar dinero para la institución. El inglés de 35 años asegura que, después de tres lustros de actividades, el AfroReggae está precisamente donde deseaba.
“Los conflictos en Palestina causaron la muerte a 4.300 personas en siete años. Tan sólo el año pasado, 1.360 personas fueron muertas por la Policía de Río”, concluyó. (DPA)
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